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Héroes Cristianos: George W. Carver

George W. Carver esperó en pie delante de la clase, mientras sus alumnos encontraban asiento. Cuando al fin se hizo la calma y el aula quedó en silencio, levantó un grupo de cuerdas anudadas y enredadas y preguntó: «¿Ven esto? Pues a esto es a lo que se parece la ignorancia». Luego metió la mano en su bolsillo, y sacó un ovillo de cuerda cuidadosamente liado. «En cambio, es a esto —dijo poniendo gran énfasis—, a lo que se parece la inteligencia». Varios de los estudiantes asintieron. Llevaban con George el tiempo suficiente como para saber a qué se refería. Todo el mundo sabe algo; la mayoría de la gente sabe un montón de cosas. Pero sólo consigue tener éxito en la vida aquel que puede organizar su conocimiento. George trataba de demostrar esta verdad a sus alumnos mediante sus métodos de enseñanza. Por ejemplo, las universidades enseñaban botánica mediante la exposición de distintos temas separados, como si no tuvieran relación los unos con los otros. George creía que en la naturaleza todo estaba interconectado de alguna forma. Cuando enseñaba botánica, intentaba mostrar esos vínculos entre las cosas. Pronto se extendió la noticia sobre el inusual método de su enseñanza y mucha gente empezó a llegar.  Sin importar lo ocupado que estuviese con los visitantes internacionales y la enseñanza a los estudiantes y los granjeros pobres, mantuvo su costumbre de salir a dar un paseo antes del amanecer. Cuando un estudiante le preguntó por qué lo hacía, George respondió: «Nada es más bello que el encanto de los bosques antes del amanecer. En ningún otro momento tengo una comprensión tan clara de lo que Dios desea hacer conmigo como en estas horas de la madrugada. Mientras los demás todavía duermen, oigo mejor a Dios y aprendo de Su plan». 

 

Médico de plantas

George Washington Carver, renombrado científico afro-americano e inventor, a principios del siglo XX (1861-1943), vivió dedicado a servir al Gran Creador en la apasionada búsqueda de sus sueños. Mientras que muchos científicos de aquella época (y aun del presente) pensaban que la fe y la ciencia no podían yuxtaponerse, Carver las consideró inseparables; su estudio y descubrimiento del mundo natural no eran sino modalidades de conocer a Dios de una manera más profunda. Como dijo el propio Carver: «La naturaleza y sus variadas formas son ventanillas por las cuales Dios me permite tener comunión con Él y contemplar parte de su gloria, majestad y poder, levantando tan sólo la cortina y mirando hacia dentro».

George, desde temprana edad, mostraba tanto interés por las plantas y gran talento para conservarlas vivas que le apodaron el «Médico de plantas». Los vecinos de muchos kilómetros alrededor le traían plantas para hacerlas revivir. En su adolescencia, las preguntas de Carver sobre el mundo natural no hicieron más que aumentar y se lanzó por sí mismo a la búsqueda de conocimiento. Hablando de su infancia, Carver dice: «Yo quería saber el nombre de cada piedra, flor, insecto, pájaro y bestia. Quería saber cómo obtuvo su color, cómo recibió vida, pero no había nadie que me lo explicara».

 

Sobre todo obstáculo

George tuvo que hacer frente a muchos obstáculos. Nació esclavo durante la Guerra Civil y se quedó huérfano siendo bebé, se le negó admisión en las escuelas por causa de su raza, fue testigo de ataques, soportó palizas por motivos raciales y tuvo que afrontar constantemente odio y desconfianza perpetua, y dificultades que podían haberle obligado a abandonar su pasión. Pero George trató cada derrota como una oportunidad para aprender. Su tenacidad y su creatividad para salvar barreras, y el apoyo  de unos pocos tutores, le ayudaron a llegar a su destino. George empezó a trabajar como profesor en el instituto Tuskegee, de Alabama, colegio para educar a antiguos esclavos. A medida que aumentaba su fama recibía ofertas de trabajo que le habrían subido espectacularmente el sueldo, pero optó por quedarse en Tuskegee. La influencia de Carver se extendió a muchos lugares. Además de aconsejar espiritual y académicamente a sus alumnos, Carver se comprometió  a ayudar a los sufridos campesinos del Sur. La agricultura sureña padecía muchos problemas.  Ésta dependía por completo de las cosechas de algodón. Además, el gorgojo del algodón, temible insecto, había llegado procedente de México. George vio en aquel azote una oportunidad perfecta para introducir nuevos cultivos. Pasaba mucho tiempo trabajando en su laboratorio en busca de aplicaciones prácticas para los nuevos cultivos. Publicaba «boletines triples», en los que daba a conocer los productos cuyas plantas animaba a los granjeros a cultivar, para poder ayudarles a sacar el máximo rendimiento de sus cosechas. Aquellos incluían consejos prácticos para los agricultores, recetas y otras aplicaciones prácticas de los productos recolectados para sus esposas, e información científica acerca de las plantas para los centenares de técnicos agrícolas graduados en Tuskegee. A través de la callada y persistente influencia de Carver, los métodos agrícolas comenzaron a cambiar en el Sur y muchas organizaciones de todo el país acudieron a informarse de sus métodos y sabiduría. Finalmente, la obra y la influencia de Carver llegaron a los más altos niveles científicos y administrativos, y se extendieron por todo el mundo. Entre otros honores, Carver fue llamado a testificar ante el Congreso, recibió al Presidente Theodore Roosevelt en Tuskegee y mostró a funcionarios africanos y de la Unión Soviética sus métodos de cultivo.

La ciencia y Dios

Sin embargo, para George cada una de esas oportunidades era una ocasión para compartir su amor a Dios. Él deseaba particularmente que aquellos en los que influía aprovecharan la naturaleza que les rodeaba para llegar a conocer a su Creador. A los que no han conocido el secreto de la verdadera felicidad, que consiste en el gozo de entablar una relación con el Hacedor de todas las cosas: comiencen a estudiar las pequeñas cosas que hay a la puerta de sus patios. George fue uno de los primeros defensores de la agricultura sostenible y de las técnicas de fertilización orgánica, y dio a conocer centenares de aplicaciones de productos derivados del cacahuete, la batata, la pacana y la arcilla.  En su vida practicó aquello que le gustaba afirmar: «Ninguna persona tiene derecho a venir a este mundo y salir de él sin dejar tras sí razones claras y legítimas para haber pasado por aquí».

 

EXTRAÍDO DEL LIBRO DE ESCLAVO A CIENTIFÍCO: Publicado por Editorial JUCUM, Colección héroes cristianos de ayer y de hoy.

 

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